Reflexiones desde la ceniza
Lo que estoy haciendo luego del fuego ... en este proceso por encontrar los genuinos 'por qués' detrás de mis propósitos u objetivos. Esperando con ello romper los ciclos de autodestrucción que he identificado en mi, en los últimos años.
ESPRESSO
Eduardo Cruz
11/15/20243 min read


En días pasados he venido intentando algo nuevo. Algo que me permita romper el ciclo vicioso en el que siento que me he encontrado desde hace muchos años.
La realidad es sencilla y quizá sea fácil el comprender lo que a continuación describo: busco algo que quiero perseguir, algo que considero como genuino, comienzo de forma casi eufórica a trabajar y a dedicar mi tiempo y energía en pro de eso que estoy buscando; llego a un periodo de meseta en el que en mi mente -y en retrospectiva- me parece que lo ‘he logrado, estoy ya en el camino indicado’.
Y cuando menos lo espero, me doy cuenta que no solo he abandonado por completo mi propósito inicial, sino que estoy retrocediendo cada día más del punto inicial.
Una reflexión tiene que ser honesta de lo contrario solo sería una novela que aquí estaría escribiendo. Entiendo que poca gente siquiera lee este espacio personal, y aprovecharé eso para nombrar algunos ejemplos reales: mis finanzas, mi cuerpo y condición física, algunos proyectos laborales.
Me parece un tanto curioso, ahora que estoy realizando un ejercicio consciente, que antes para cada uno de los objetivos que me planteaba (p.e. ‘saldar mis deudas y sanear mi calificación crediticia’), la razón del por qué buscaba dichos destinos me parecía obvia.
Aún cuando en terapia trabajaba mi frustración en relación con mi aparente incapacidad para apegarme a un plan, racionalizaba y de verdad estaba convencido de que las razones estaban alineadas en mi consciente-inconsciente. Situación que, llegué a la conclusión personal, no solo daño mi autoestima sino algo quizá, más importante para mí, la confianza que tenía en mi propia palabra.
Crecí en una familia que me enseñó a mirar hacía el futuro desde una base tradicional. Me enseñaron y aprendí, que dé las cosas más valiosas que tiene una persona, se encuentra su palabra. Antes de haber iniciado este proceso, tenía miedo de siquiera pensar en algún objetivo por ese temor a seguir minando y degradando, para mí mismo, el valor de mi propia palabra.
Ante ello, decidí probar algo nuevo. Idea que no es de forma alguna original, o cuya génesis venga de mi propia persona; estoy seguro que salió de algún libro, conversación o podcast que he venido consumiendo en los últimos tiempos. En un esfuerzo por dejar de sentir frustración hacía mi propia persona.
Cuestioné -y sigo haciéndolo- mis por qué’s. Quizá exagerando la metodología, en últimos días he decidido romper mi rutina anterior imponiéndome una nueva.
Dedico una hora al día, en un espacio ‘confinado’ y solitario de casa (específicamente, el baño de casa que no uso). Entro a cada día durante una hora solamente con papel, lápiz o pluma y una vela -la cual uso para realizar un ejercicio de enfoque, y no para algún otro ritual, aunque sin duda sería mucho más interesante este escrito-.
Cualquier dispositivo digital y/o que tenga conexión al mundo exterior, se queda afuera. No hay música, no hay notificaciones, no hay distracciones. El baño se convierte por espacio de una hora cada día, en un campo o mejor dicho, un laboratorio. Ahí simplemente me hago la pregunta “¿por qué quiero mejorar mi forma y condición física?” (por poner un ejemplo real).
Al principio, no mentiré, es tedioso. Casi en automático empiezo a darme las respuestas tradicionales que he dado a dicha pregunta. Pero poco a poco, y con el paso de los días, he venido aprendiendo que esa “respuesta”, no era tan real. Cualquier pensamiento que llegué a mi cabeza procuro escribirlo (con el papel, lápiz o pluma que tengo conmigo); aunque al inicio resulta difícil pues se piensa más rápido de lo que se escribe, en mi experiencia pasados unos 25-30 minutos, mi mente se empieza a calmar.
¿Esto será algo que por fin, romperá el ciclo de franca autodestrucción en el que estoy inmerso? La realidad no lo sé. Pero me gusta pensar que, cuando llegue a la respuesta genuina -o la mejor aproximación que mi capacidad me permita-, estaré mejor ‘equipado’ para hacer frente a la mayoría -y ya tradicional- de excusas, pretextos y tentaciones, que yo mismo me he puesto a lo largo de mi propia historia.
Algo nuevo que estoy realizando de forma consciente y con dedicación. Que me está permitiendo encontrar y contactar con situaciones, recuerdos y posibles pensamientos que tenía en el pasado, y que poco a poco quedaron sumergidos en el paso de mi propia historia de vida.
El autoconocimiento es muy valioso en todo caso. No creo que pueda salir como resultado una “derrota” de este proceso. Y para iniciarlo, tuve que enfrentar mi realidad. Aceptar que me había estado quemando a mi mismo, que me destruí. Y decidir que en ese suelo fértil que brindan las cenizas luego del incendio construir, empleando ahora una nueva técnica.
Hoy escribo sin café. Pero de manera que pueda cumplir con el ritual que me puse en este portal, me despido para ir a prepararme uno.
